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Archive for the ‘psicóloga en español’ Category

En psicología se da por hecho que todas las personas, independientemente de su lugar de origen, comparten varias necesidades básicas. Estas son:

  • apego/ relaciones sociales
  • sensación de control
  • protección de la autoestima
  • búsqueda de placer/ evitación de desagrado

Hoy, os voy a hablar del tercer punto, la autoestima. Para proteger nuestra autoestima necesitamos, entre otras cosas, que seamos valorados como personas, tanto por nosotros mismos como por otros. Esta valoración positiva muchas veces se basa en el reconocimiento o aprobación al haber hecho algo especial: alguien ha tenido una idea brillante, ha logrado algo con mucho esfuerzo (aprobar unas oposiciones, sacar un título a la vez que trabaja, educar a un hijo siendo madre soltera), tiene éxito en algo (monta una empresa y gana mucho dinero), ha mejorado ( por ejemplo, su nivel de inglés, los kilómetros que ha corrido)…

Esto implica en muchos casos dos creencias implícitas:

  • que debe darse una ausencia de errores para poder optar a reconocimiento
  • que siempre hay que rendir, es decir, hay que hacer algo activamente para recibir reconocimiento.

En ambas creencias se excluye la opción de recibir atención/ reconocimiento de manera incondicional, es decir, poder gustar simplemente por ser quienes somos, con nuestras habilidades y también nuestras manías, nuestras incompetencias en algunos campos  o nuestros errores, que nos hacen ser nosotros mismos. Las personas que dejan la carrera universitaria a la mitad porque no les gusta o no muestran ambiciones de cambio o mejora suelen encontrarse con ciertas actitudes negativas por parte de los demás.

Cuando una persona recibe menos reconocimiento o valoración de la necesaria, la autoestima sufre. “No gusto a los demás”, “valgo menos” o “no valgo nada” serían pensamientos que aparecerían y que nos harían sentir tristes y deprimidos. Ya que esto es un estado desagradable que queremos evitar y las personas tendemos a proteger nuestra autoestima, desarrollamos estrategias para modificar este estado y sentirnos mejor.  Si las estrategias adaptativas no nos funcionan (por ejemplo, rodearnos de gente que sí nos valore o pedir activamente más elogios, como puede ser el caso en una pareja), desarrollamos otras que no son tan sanas por los costes que implican. Veamos cuáles pueden ser.

  1. El evitador: algunas personas tienden a pensar que “no soy bien valorado ni nunca lo seré” y tienden a autoengañarse  asegurándose que “no necesito gustar a los demás”. Suelen mostrar un caparazón frío, distanciado hacia los demás que sin embargo esconde el miedo a no recibir atención.
  2. El perfeccionista: algunas personas intentan solucionar la falta de reconocimiento por parte de otros rindiendo más y evitando cometer cualquier fallo. La idea que se esconde detrás es “si hago más, les gustaré”, “Si no les gusto es porque no me he esforzado lo suficiente”.
  3. El animador: dado que no reciben suficiente valoración por parte de los demás,
    estas personas intentan conseguirla intentando ser el centro de atención. La creencia que hay detrás es “si soy interesante soy bueno”, “si soy especialmente gracioso/ tengo suficiente que contar, gustaré”.
  4. El rebelde: estas personas consiguen recibir atención a través de comportamientos negativos. Se habla de la atención negativa y la explicación que hay detrás es “si soy diferente, soy bueno”, “si destaco, aunque sea negativamente, al menos llamaré la atención y me percibirán”
  5. El ayudante: estas personas ignoran necesidades propias para centrarse en otros, siguiendo la idea de que “si ayudo a los demás y me muestro indispensable, me valorarán”.
  6. El adicto: hay personas que recurren a sustancias o a comportamientos adictivos para reducir el malestar de no ser valoradas suficientemente y “anestesiar” las emociones negativas asociadas a este hecho. La creencia que hay detrás es “si no valgo para los demás, al menos no quiero percibir esa emoción negativa”.

Cabe destacar que estas estrategias no son malas de por sí. Puntualmente pueden ayudarnos pero si se tiende a usar una de ellas como “solución para todo“, se puede convertir en un estilo de comportamiento, es decir, un patrón de conducta. Ello implica que se usaría una de ellas y faltarían alternativas que nos permitirían adaptarnos a la situación. Por ejemplo, si alguien tiende a intentar obtener reconocimiento por parte de su superior en el trabajo a través de un alto rendimiento pero este superior no responde como se desea, una opción sería cambiar de estrategia y pedir asertivamente algo más de reconocimiento. Pero si esta persona únicamente dispone de su rendimiento como estrategia, seguramente deduzca que si su jefe no reacciona es porque no se ha esforzado lo suficiente. Tenderá a rendir aún más, lo que puede llevarle a trabajar por encima de sus límites y, a largo plazo, incluso puede tener costes para la salud, además de, probablemente, no lograr su objetivo de ser mejor valorado.

Para no caer en la trampa de asumir un determinado rol (como se ha descrito anteriormente) para acceder a una mejor valoración y así a una mejor autoestima, es recomendable darse cuenta del patrón que estamos usando. Una vez reconocido, es adecuado buscar alternativas, trabajando en las ideas que mantienen activo nuestro comportamiento (citando los ejemplos de antes: “si soy interesante soy bueno”  o “si hago más, les gustaré”). Esto nos permite usar estrategias más adaptativas por ser más directas y más claras en la comunicación con los demás.

  • pedir atención y reconocimiento si creemos que la otra persona podría expresar más frecuentemente nuestros aspectos positivos
  • aceptar reconocimiento cuando nos lo dan. Muchas personas no son capaces de integrar halagos o valoraciones positivas por parte de los demás en su autoestima, de tal  manera que insisten en seguir con sus patrones de búsqueda de atención a partir del rendimiento o de ayudar a otros.
  • darse reconocimiento uno mismo. Si nos damos suficiente valor, nos hacemos menos dependientes de lo que opinen los demás, tanto en el caso de críticas negativas como positivas. Esto nos permite aceptar que no le gustemos a alguien y también asumir que hay personas a las que les gustamos mucho sin que eso influya excesivamente en nuestra autoestima.
  • rechazar reconocimiento falso. En el ámbito de trabajo o de pareja, a veces nos encontramos con alabanzas que son manipulativas y persiguen otro objetivo distinto al de mostrar gratitud o reconocimiento. Si se detecta, es sano darse cuenta de que ese reconocimiento no es auténtico y no caer en la trampa de orientarnos a la atención de esas personas.

 

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El animador

 

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En mi trabajo con personas drogodependientes y con familias, he comprobado una y otra vez que se repiten ciertos patrones inadecuados en la dinámica en las familias respecto al trato que se da a los hijos y que generan muchos problemas en su desarrollo. Voy a hablar de algunos ejemplos que se repiten y de las consecuencias que se suelen producir.

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  • Rechazo del propio hijo por parecerse al progenitor ausente

Se suele dar por parte de las madres con sus hijos varones. El hijo les recuerda, por su aspecto físico, al padre y esto les genera emociones negativas ya que éste está asociado también a emociones negativas, sea por no haber superado la ruptura de la relación, sea por experiencias como pueden ser los malos tratos. Estas mujeres no son capaces de generar un vínculo afectivo con sus hijos, que les producen sensaciones de rechazo. Las madres suelen mostrar este rechazo mostrándose muy frías ante sus hijos o nombrando claramente la falta de amor y cariño hacia ellos, además de repetir que la causa de que sean tratados así es por ser “como tu padre”.

  • Preferencia por la pareja antes que por el hijo

En caso de conflicto entre el hijo y los progenitores, uno o ambos progenitores se sitúa siempre, de manera inflexible, del lado de la pareja sin entender o dedicarle tiempo al hijo para entender su posición o confirmar en parte o totalmente su punto de vista. El progenitor tiene absoluta prioridad y las necesidades del hijo no se tienen en cuenta. El niño genera la sensación de ser menos importante para su padre o su madre que la pareja, ya que éste o ésta nunca defiende su posición, independientemente del contenido de la discusión o diferencias. En casos extremos como pueden ser de violencia de un progenitor hacia el hijo, la pareja defiende al otro progenitor sin atender al hijo que ha sufrido la violencia.

  • Trato de un hijo como chivo expiatorio

En estos casos, se culpabiliza a los hijos del fracaso en la propia vida de los progenitores o de la ruptura de la relación de pareja. Los hijos crecen con el reproche constante de ser culpables de la infelicidad de los padres.

  • Rechazo y trato diferente al hijo de la pareja

Cuando un padre o una madre vuelve a rehacer su vida con otra pareja, no es poco frecuente que se  dé el patrón de no aceptar a los hijos de la pareja. Esto se da tanto en casos en los que sólo uno de los progenitores trae hijos de relaciones previas a la nueva familia como en los que son ambos.

En estos casos, los adultos muestran una clara preferencia por los hijos carnales y muestran rechazo a los hijos de la pareja. Se dan tratos desiguales y la educación está claramente dividida. Se pueden llegar a maltratar física o emocionalmente a los hijos de la pareja mientras que se trata con cariño a los propios. La rivalidad entre los hermanos se da por el trato vivido como injusto y los niños pueden generar sentimientos de impotencia ante la imposibilidad de cambiar esta situación.

  • Trato de los hijos como si fueran adultos

Algunos padres no son conscientes de las necesidades especiales de los niños. Se muestran impacientes y tienen expectativas poco realistas en relación con el momento de desarrollo en el que se encuentra el niño. Esto genera frustración en los niños, que crecen con la sensación de estar decepcionando a sus padres. Estos niños suelen mostrar conductas adultas muy pronto, ya sea la forma de hablar o las habilidades que demuestran. Un ejemplo de esto es el de un niño de 10 años que pide una cita por teléfono para la revisión en el taller del coche de sus padres. Aunque es conveniente que los niños vayan aprendiendo ciertas habilidades y que su lenguaje y forma de hablar se vaya adaptando al de los adultos, en estos casos se produce de manera adelantada respecto al resto de niños y se pierde el desarrollo de otras habilidades.

En relación a las consecuencias que pueden tener estos estilos de educación, hay que decir que, aunque a cada caso expuesto se le podría dedicar un capitulo aparte, se pueden sacar conclusiones generales.

Es importante mencionar que los niños suelen intentar explicarse la situación con las habilidades que tienen. Ya que no encuentran otras razones, frecuentemente tienden a sacar en conclusión que la razón del rechazo de sus padres o de sus reproches se encuentra en ellos mismos, que ellos (los niños) son malos y culpables. Las emociones más frecuentes son las de la frustración, tristeza e ira. Ante esta situación, intentan conseguir el amor de sus padres compensándolo con mayores esfuerzos por agradarles o aprenden a evitar el contacto con ellos para evitar emociones negativas. Sin embargo, ya que la razón del trato que reciben tiene otras causas y no depende de ellos, no logran cambiar la dinámica. Así, estos niños pueden desarrollar una indefensión ante la situación dado que no está en sus manos cambiar el trato recibido si no que son los padres los que tienen determinadas expectativas a la hora de educarles o determinadas dificultades en manejar emociones negativas, y éstas son las razones por las que se comportan así con sus hijos.

Más adelante, estos niños suelen tener dificultades a la hora de establecer vínculos afectivos debido a las experiencias previas con sus personas de referencia más importantes y las creencias que han formado a partir de ellas. Esto les puede generar problemas a nivel interpersonal. Pueden no confiar en los demás y a la hora de mantener una relación de pareja, puede que no sean capaces de permitir cercanía emocional o, por el contrario, que se hagan muy dependientes de sus parejas.

Hay que decir que este no siempre es el caso. Hay niños que adquieren otras capacidades gracias al contacto con otras personas de referencia como pueden ser otros familiares, profesores, etc y que logran compensar las dificultades generadas por la dinámica familiar que viven en sus casas. Gracias a estas experiencias positivas, se disminuye el riesgo de dificultades a la hora de establecer vínculos con otras personas y pueden desarrollar, a pesar de todo, un autoconcepto adecuado.

Los casos mencionados se dan tanto en familias desestructuradas, con un progenitor ausente o en las llamadas familias patchwork, como en familias “clásicas” en las que los padres e hijos viven juntos como unidad familiar. Lo característico es que uno o ambos progenitores tienen dificultades para superar determinadas experiencias previas como pueden ser malos tratos, pero también episodios negativos que se han dado anteriormente en sus vidas y que conllevan una falta de habilidades. Es frecuente que cuando se intentan producir cambios en la dinámica de familia, alguno de los progenitores explique sus dificultades por el hecho de no haber aprendido otra cosa en sus propias familias de origen. Una falta de vínculos emocionales con los propios padres o la falta de modelos adecuados de educación son las razones más frecuentes.

En relación con este tema, os invito a leer las entradas en este blog respecto a Hijos de padres separados,  Guía de necesidades de los niños y Educación consistente.

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La mayoria de las veces la dependencia a las drogas ilegales viene de la mano de conductas ilegales. Nuestros clientes de la clínica Schwarzbachklinik vienen muchas veces directamente de la cárcel o han estado al menos una vez entre rejas. Consumo y tráfico de drogas, asaltos de morada, robos, delitos de lesiones, delitos de daños… De hecho, en muchos casos la motivación para hacer una terapia viene dada externamente y es la presión judicial. En caso de realizar a cabo con éxito una terapia para tratar su dependencia a las drogas, la fiscalía puede decidir permitir que la persona en cuestión no vuelva a la cárcel sino permitirle la libertad condicional. El planteamiento de la fiscalía es que una persona que ha cometido delitos para financiar su consumo probablemente no volverá a delinquir en un futuro una vez que haya trabajado los factores que le han llevado a la adicción. Sin embargo, a pesar de que esto es así para un cierto tipo de clientes, es un error pensar que cuando una persona drogadicta deja de consumir inmediatamente deja de mostrar un comportamiento criminal. Veamos qué casos se pueden dar.

Hablamos de cuatro tipos de relación entre la dorgadicción y la criminalidad. El grupo 1 es el de las personas drogadictas que no delinquen (obviando el hecho de que la compra de sustancias ilegales es, como indica el propio nombre, ilegal). Más allá de la adquisición de las drogas, estas personas financian su consumo de manera legal. En el grupo 2 se encuentran los drogadictos cuya criminaldad va desarrollándose paralelamente al consumo. Al grupo 3 pertenecerían los drogadictos que primero comienzan con el consumo de sustancias ilegales y después con la criminalidad. En el grupo 4 encontramos los drogadictos que delinquen antes de comenzar el consumo.

Las personas drogadictas que pertenecen al primer tipo tienen recursos para consumir sin tener que recurrir a actos ilegales. Es el grupo menos frecuente en el ámbito de la adicción a las sustancias ilegales y el que mejor pronóstico tiene en comparación con los otros grupos, dado que la cercanía a la criminalidad es un factor de riesgo añadido en cuanto a una recaída, es decir, ante un nuevo consumo. Los otros tres tipos se dan más frecuentemente y el que peor pronóstico tiene en relación con una conducta criminal futura y, por tanto, un nuevo consumo de drogas, es el cuarto.

Son varias los factores que explican por qué alguien muestra una conducta criminal. Hablando específicamente de nuestros clientes adictos a sustancias ilegales, encontramos las siguientes causas de este comportamiento.

  • Financiación del consumo. El consumo de drogas es caro y muchos drogadictos comienzan a tener problemas financieros debido a un aumento de la cantidad de sustancia(s) consumida(s).
  • Mayor búsqueda de sensaciones que en otros grupos de personas que no consumen. La búsqueda de sensaciones es definida por Zuckermann como la “búsqueda de experiencias y sensaciones variadas, nuevas, complejas e intensas y la disposición a asumir riesgos físicos, sociales, legales y financieros a fin de lograr tales experiencias”. Muchos estudios indican que, en comparación, las personas adictas a sustancias tienden a buscar más esas sensaciones. Los actos criminales, al ser prohibidos y conllevar el riesgo a ser detenidos, suponen una enorme fuente de excitación y esta excitación puede generar, al igual que las drogas, adicción.
  • Consecuencias positivas a corto plazo: a través de los actos delictivos, se satisface una necesidad de manera directa y rápida. Ante una falta de dinero, robar en una tienda implica la recompensa de obtener una gran cantidad de dinero en corto plazo. Otras personas tendrían que esperar a fin de mes para obtener su sueldo, en muchas ocasiones más bajo que el botín de un robo, por ejemplo. Además, las conductas criminales suelen estar asociadas a un alto nivel de activación que les resulta placentera. Aquí encontramos de nuevo la conexión con la búsqueda de sensaciones. Las posibles consecuencias negativas se suelen dar más tarde (por ejemplo denuncias), si es que se dan. Esto favorece que se repita la conducta.
  • Refuerzo de conductas ilegales en el grupo de referencia. Esto implica que las normas del grupo en el que se encuentra integrada la persona se desvían de las toleradas por la sociedad. Este suele ser el caso del grupo 4, caso en el que la persona drogadicta ya delinquía antes de comenzar con el consumo (y posterior adicción) de sustancias. Estas personas tienen más dificultades a la hora de modificar su comportamiento ya que la conducta criminal forma parte de su   Los aprendizajes respecto a lo que está bien y mal están asociados a otras consecuencias en comparación con la población no criminal. El dejar de delinquir y acatar las normas de la sociedad les supone una pérdida de identidad, algo muy desestabilizador.
  • Regulación de emociones. Aunque está relacionado con los puntos dos y tres, este punto requiere ser anotado de forma independiente. Nuestros clientes se caracterizan por una ausencia en habilidades para regular sus emociones, siendo las drogas una estrategia que les ayuda a superar momentos de estrés, de tristeza etc. Muchas personas drogadictas han generado, por sus duras exeriencias desde la niñez, sentimientos de ira que, al igual que otras emociones, no han sabido canalizar. La criminalidad se asocia en estos casos a destrucción y a un deseo de venganza. Por los aspectos mencionados anteriormente, delinquir tiene la característica de conseguir consecuencias positivas a muy corto plazo. Dar palizas o destruir propiedades ajenas es una forma que han encontrado estas personas para canalizar su ira.

Dados estos factores, es comprensible que dejar de delinquir les resulte difícil a nuestros clientes. En algunos casos, las personas que han estado encarcelados previamente dicen saber desenvolverse en ese contexto. Esto quiere decir que la consecuencia de ser encarcelados ha perdido el valor punitivo. Por otro lado, dadas las normas que se dan dentro de los círculos criminales, nuestros clientes muchas veces asocian castigos a determinadas conductas, como colaborar con la policía, hablar sobre el comportamiento de otro cliente que no sigue las normas, dejar un determinado grupo etc, que generan miedo y de nuevo dificultades a la hora de integrar el cambio con la propia identidad. Muchos tienen miedo a represalias y por ello, se produce el fenómeno de que nuestros clientes cierran pactos, en el sentido de “yo he visto que no has cumplido esta norma y no digo nada a cambio de que tú no digas nada respecto a esta otra norma que no he cumplido yo”. En la clínica, algunos clientes no salen solos dado que tienen miedo de que viejos conocidos o los propios clientes les hagan algo a modo de revancha.

Otra dificultad a la hora de modificar el planteamiento ilegal de vida a uno legal es la dificultad de integración de estas personas dadas las expectativas que tiene la sociedad. Es muy probable que alguien que sepa de una persona que ha estado en la cárcel previamente piense directamente que esa persona nunca va a cambiar y que va a volver a cometer algún delito. Se produce una profecía autocumplida debido a la etiqueta que se les da a los adictos a las drogas y a los delincuentes.

Nuestro trabajo en la clínica consiste en favorecer ciertos cambios para lograr el salto de una vida ilegal y criminal a otra legal. Para ello, son necesarios trabajar varios aspectos:

  • Una nueva definición de identidad. En muchas ocasiones, esto conlleva modificar el rol de hombre, como poder reconocer debilidades, poder hablar de sentimientos negativos (los positivos resultan menos difíciles)…
  • Distanciamiento a determinados grupos/ personas. Muchos de nuestros clientes tienen que cambiar de ciudad para porder aplicar este cambio.
  • Generar alternativas para poder satisfacer su deseo de búsqueda de sensaciones de manera legal.
  • En relación al punto 3), es muy importante que nuestros clientes aprendan a soportar el aburrimiento o la falta de sensaciones extremas.
  • Generar conciencia sobre reglas de la sociedad y la necesidad sobre un cambio de ciertos valores y normas si desean integrarse en la sociedad. Es necesario debatir sobre determinadas reglas y ver las ganancias de seguirlas a pesar de los costes que les pueden implicar a corto plazo.
  • Manejo del dinero. Nuestros clientes tienen que modificar su relación con el dinero y el significado de éste, ya que lo asocian a un símbolo de estatus. El hecho de que es bastante probable que en un futuro, trabajando de manera legal, no sean capaces de seguir permitiéndose ciertos aspectos materiales, les genera frustración en un primer momento.

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