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Posts Tagged ‘cómo establecer normas en las niños’

Hoy, he visto en la calle a una niña en patinete, acompañada de sus padres. Al llegar a un semáforo y ante su luz verde parpadeante, la madre ha tirado de la niña para parar mientras que el padre ha tirado de ella hacia delante para seguir. El resultado: la niña casi ha terminado en el suelo. Este ejemplo es anecdótico, pero creo que es una buena manera de simbolizar las dificultades que implica que los padres no sean coherentes en la educación de sus hijos. Si el ejemplo se repitiera en otras situaciones de manera cotidiana, es fácil imaginar que se podrían generar muchos problemas. (Por cierto, al final han cruzado los tres).

Es frecuente que los padres eduquen a sus hijos de una manera inconsistente por diferentes formas de percibir determinados aspectos (desde la importancia de hacer los deberes y del orden en el cuarto pasando por los horarios que deben cumplir, actividades que les está permitido hacer, los modales, y un largo etc.) Esto puede terminar en que los padres reaccionen de distintas maneras ante un mismo comportamiento del hijo, lo que dificulta mucho el aprendizaje de los niños. Los niños necesitan seguridad, y una buena parte se consigue mediante las rutinas y el saber cómo funciona su entorno.  Si los padres establecen diferentes consecuencias a los actos de sus hijos, éste no sabrá a qué atenerse. Pueden llegar a diferenciar lo que es adecuado para uno y otro (por ejemplo, pueden llegar a aprender que con mamá se puede saltar en el sofá y con papá no, o que si se insiste bastante tiempo, papá cederá para poder ver la televisión un poco más pero con mamá no funciona). El problema es si ambos padres están presentes y no se ponen de acuerdo delante del niño. En esos casos, ninguno de los comportamientos será adecuado (será alabado por uno y castigado por otro), y esto puede generar ansiedad en el niño, quien no sabe qué va a pasar.

Más complicado aún es cuando no sólo existen diferencias entre ambas figuras, sino si la madre y/o el padre no son coherentes con sus propias formas de actuar. Me refiero a cuando, por ejemplo, el padre, dependiendo del día y del humor, participa en el juego con sus hijos dedicándole palabras amables o gritándole por el simple hecho de preguntarle si quiere jugar con él; o cuando la madre, los días que está estresada, les dice a los niños a gritos que pueden ver la televisión a la hora de la comida cuando por lo general no les está permitido. Este tipo de inconsistencias puede generar indefensión en los niños, que no podrán saber qué les espera si piden ver la televisión o que su padre/madre juegue con ellos. Esto tendrá dos consecuencias: por un lado, sus comportamientos tenderán a mantenerse por las consecuencias a corto plazo.  Como no saben lo que va a pasar después, lo que harán lo harán por sus consecuencias más inmediatas: por ejemplo, jugarán sin prestar atención a si dejan las cosas desordenadas o rompen algún objeto, ya que jugar en sí les puede resultar placentero y “puede que mamá se enfade o puede que no”.

Otra consecuencia es que no estarán aprendiendo a seguir normas, ya que éstas no existen en su entorno, o si existen, no se dan de manera consecuente y por tanto, lo que los padres llaman “normas” no lo son. Las normas que se establecen a los niños están para cumplirse, y si se han explicado hay que llevarlas a cabo. La manera correcta de establecer una norma es explicar al niño qué comportamiento es adecuado/inadecuado en qué circunstancias y  las consecuencias de ello (si juegas en silencio cuando papá duerma la siesta, luego jugará contigo; debes comer con la boca cerrada o te quedarás sin postre) : es decir, no vale decirle a un niño “no puedes decir palabrotas” sin más, lo más correcto es especificar lo que pasará si lo hace (tendrá que dar una moneda de 20 céntimos o se quedará sin la actividad agradable que esté realizando en ese momento). Cuando se produzca el comportamiento inadecuado, se tendrá que especificar ese comportamiento y la consecuencia y aplicar esta contingencia. Lo que es totalmente inadecuado es no aplicarla porque el niño llore y pida que no se le castigue y ceder por pena o por confiar que el niño realmente está decidido a no volver a hacerlo. Lo que se le está enseñando así es que ese comportamiento inadecuado no tiene consecuencias y que además llorando o poniendo una carita de ángel se librará de cualquier consecuencia anunciada. ¿Qué pasará? Que es muy probable que el niño vuelva a hacer ese comportamiento inadecuado si éste le ha resultado placentero. Los padres se suelen enfadar a nivel de “decepción” y le reprochan que  “nos prometiste que no lo volverías a hacer”. El niño no ha engañado a nadie, lo que ocurre es que no ha aprendido a no hacer lo que hace porque la última vez que lo hizo no pasó nada, y hasta que no se apliquen consecuencias va a seguir ocurriendo. Los padres no deben interpretarlo como “engaño” o pensar que  “es que no me quiere y hace todo por fastidiarme”, sino plantearse actuar de otra manera para manejar el comportamiento de sus hijos. Y esa manera es ser consistente y sistemático.

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