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Posts Tagged ‘consecuencias de consumo de drogas para niños’

Tras varios años trabajando con personas adictas a sustancias, he podido comprobar una y otra vez la importancia de los primeros años de vida y las primeras experiencias de un ser humano en su desarrollo posterior. He tratado a personas que contaban que de niño se encontraban en una situación de abandono, que eran acusados de ser la razón de la infelicidad de sus madres, que eran excluídos por sus padres adoptivos mientras que los hijos biológicos disfrutaban de un trato totalmente distinto, que se tenían que encargar desde niños de sus hermanos pequeños o incluso de sus padres ya que éstos no eran capaces de cuidar de sí mismos, que lo único que asociaban con sus padres era violencia o abusos sexuales… y un largo etcétera. (Se puede leer más sobre el tema en el siguiente link: No te quiero, hijo.) Todos estas personas habían recurrido a las drogas para soportar esas experiencias y poder experimentar emociones positivas. A la hora de decidir dejar las drogas, se enfrentaban a problemas a la hora de establecer vínculos con otras personas, de regular sus emociones y sus impulsos. Esto me ha motivado a dedicar una entrada a las necesidades de los niños para un desarrollo sano a nivel biológico y psicológico.

niñosEl modelo que presentaré es el modelo de jerarquía de necesidades de Maslow. Este modelo implica una pirámide de necesidades generales para las personas, estableciendo que las necesidades inferiores tienen que ser satisfechas para sobrevivir y poder alcanzar las necesidades superiores. A pesar de ser un modelo criticado por aspirar a ser universal extrapolando los datos de la sociedad norteamericana, me parece un modelo adecuado para un primer acercamiento a lo que necesitamos los seres humanos para desarrollarnos de una manera sana.

El modelo establece que las necesidades más básicas son las fisiológicas, seguidas por las necesidades de seguridad, la necesidad de pertenencia y amor, la necesidad de estimación y la necesidad de autorrealización. La especie humana se caracteriza por ser muy dependiente durante los primeros años a diferencia de otras especies animales. Por ello, los bebés y niños necesitan de otras personas para poder satisfacer esas necesidades.

Necesidades fisiológicas

Empezando por las necesidades más básicas, las fisiológicas implican la necesidad de sueño, agua, alimento, aseo y salud. Los niños requieren de adultos que les permitan obtener alimentos, que se encarguen de su aseo y de su salud y que les permitan mantener un ritmo regular de sueño – vigilia y un contacto corporal.

Necesidades de seguridad

Los niños requieren de adultos que les protejan de peligros y, por tanto, de dolor y, más adelante, les hagan ser conscientes por sí mismos de peligros y les enseñen cómo protegerse ellos mismos. Se trata de que los niños puedan asegurar su integridad física.

Necesidades de afiliación o pertenencia y amor

Las personas necesitan ser parte de una comunidad social y tener vínculos afectivos y cercanía emocional. Los niños necesitan adultos que sean fiables y constantes en el sentido de estar presentes, ser accesibles y que los niños puedan contar con ellos, que sean capaces de empatizar con ellos y les muestren afecto. Más adelante los adultos deben apoyarles en el inicio y mantenimiento de lazos afectivos con otras personas y dotarles de habiliades sociales y emocionales.

Necesidades de aprecio/ estimación

Las personas necesitan estar integrados en comunidades sociales y recibir reconocimiento. Los niños requieren de adultos que les muestren y reflejen su individualidad y autonomía. Les deben permitir experiencias de autoeficacia con las que poder desarrollar una sana autoestima.

Necesidades de autorrealización

Los niños necesitan personas adultas que les permitan el acceso a experiencias variadas, que les apoyen en su autonomía, que promuevan la capacidad de resolución de problemas y que les acompañen en la consecución de metas personales.

Si se tienen en cuenta estas necesidades y son satisfechas, el niño crecerá de forma sana y desarrollará una autoestima adecuada, será capaz de regular sus emociones y de establecer lazos afectivos. La no satisfacción de estas necesidades puede acarrear problemas psicológicos cuando los niños se convierten en adultos.

Un ejemplo: empezando con las necesidades de seguridad, un niño puede desarrollar miedos y ansiedad si está expuesto a situaciones en las que su integridad física no está asegurada. Esto puede pasar en situaciones de catástrofes pero también en situaciones en las que, por ejemplo, por un accidente un niño pierde un brazo o pierna. Lo mismo ocurre en situaciones en las que un niño está expuesto a violencia y más aún si ésta proviene de los padres. Esta experiencia puede favorecer esos miedos si no son compensados por nuevas experiencias y explicaciones de los adultos.

Si un niño ha estado expuesto a valoraciones negativas sobre su persona, siendo invalidado en sus iniciativas y forma de ser, sus necesidades de aprecio o estimación no habrán sido satisfechas y desarrollará una autoestima negativa. Esto puede ocurrir, por ejemplo, con padres con un estilo muy restrictivo o en la educación en la que un hermano es constantemente comparado con otro, valorando las diferencias de manera negativa.

Se puede decir, de manera general, que la no satisfacción de las necesidades previamente expuestas acarrea una regulación deficitaria de las emociones. Los niños aprenden de los adultos a hablar sobre “eso” que sienten (la emoción), a explicarse el qué ha desencadenado esa sensación y a etiquetarla. Para que esto sea posible, es necesario que los adultos estén disponibles para el niño, que sean capaces de empatizar con él y fiables. Si los modelos influyentes para el niño no hablan de emociones, se comportan de manera agresiva ante emociones negativas o consumen sustancias (por ejemplo alcohol) cuando se presentan problemas, el niño imita y aprende esas estrategias de los adultos. En situaciones de desamparo, el niño no podrá aprender a detectar sus emociones y manejarlas ya que no dispone de modelo alguno que le guíe. Otro ejemplo es la situación en la que no ha habido adultos que han consolado al niño cuando está triste. Éste puede desarrollar la creencia de que tiene que ser capaz de regular sus emociones solo y que no dispone de apoyos. El niño aprende que cuando está triste, estará a la deriva de su tristeza. Si hay un adulto en su entorno que lo consuela, el niño aprenderá que, a pesar de estar triste, puede disponer de un apoyo que le dé seguridad. No se trata de eliminar la tristeza, que tiene su función y razón de ser, si no de aprender que, aunque esté triste, puede sentirse seguro y esperanzado. La regulación emocional influye también, pues, en la sensación general de seguridad que desarrolla un niño. La sensación de seguridad sólo se puede desarrollar si los adultos se encuentran presentes de manera constante y establecen un vínculo afectivo con el niño. Si un niño no se ha adquirido la sensación de seguridad ya que el adulto era inconstante en cuanto al acceso a él (por estar mayoritariamente ausente o por la incapacidad de empatizar con el niño y sus emociones, por ejemplo), tendrá dificultades a la hora de establecer relaciones interpersonales duraderas en el futuro ya que anticipará que el otro no estará disponible cuando le necesite o que le decepcionará.

La no satisfacción de necesidades influye notablemente, pues, en la forma de relacionarse que tiene una persona con su entorno y en el manejo de sus emociones. En caso de haberse dado esa no satisfacción, los problemas derivados pueden ser tratados analizando qué creencias guían a la persona en cuestión y qué habilidades no han sido desarrolladas. Puede ser un proceso largo y costoso pero no imposible. La no satisfacción es un proceso largo en el tiempo. Esto no quiere decir que si de vez en cuando el adulto no dispone de tiempo para el niño porque tiene prisa o porque está pasando por una etapa personal de estrés, esto vaya a influir necesariamente de manera negativa e irrebocable el desarrollo del niño. Éste tiene que aprender a ser paciente o a soportar emociones como la frustración. Sin embargo, es importante que las experiencias que tenga el niño puedan permitirle generar creencias y explicaciones sobre cómo funcionan el mundo y las relaciones personales en el sentido de las necesidades anteriormente expuestas, es decir, que en este mundo él puede sobrevivir (necesidades fisiológicas), sentirse seguro (necesidad de seguridad), socialmente integrado (necesidad de afiliación), aceptado (necesidad de estimación) y capaz (necesidad de autorrealización).

 De nuevo, os dejo el link a una entrada titulada “No te quiero, hijo” sobre situaciones anómalas que se pueden dar en familias y el efecto en el desarrollo de los niños.

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