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Posts Tagged ‘definición de salud’

Muchas veces se ha estudiado qué hace enfermar a las personas, tanto a nivel orgánico como mental, sin embargo, el estudio sobre qué mantiene sanas a las personas es un enfoque más novedoso. Este cambio de enfoque permite estudiar los factores de protección y ayuda a aclarar qué pautas son adecuadas para lograr el objetivo “salud”.

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), la salud se define como un estado de completo bienestar físico, mental y social, no solamente la ausencia de enfermedad. Tener un estado saludable implica tener capacidad de actuación y rendimiento y ser capaz de mantener ese estado incluso ante demandas nuevas e intensas.

Los siguientes factores de protección en relación a la salud son bastante conocidos: hacer ejercicio regularmente, una dieta equilibrada, un consumo moderado de alcohol, la ausencia de consumo de cigarrillos y fases de regeneración y relajación. Todos ellos son factores fundamentales para mantener un estado de salud y todos ellos son hábitos de comportamiento que se pueden instaurar. En ese sentido, la salud se puede “aprender” y las personas tienen influencia sobre ella.rana deporte2

Además de seguir las pautas establecidas en cada uno de los ámbitos mencionados, para mantenernos saludables se habla fundamentalmente de la capacidad de hacer frente al estrés, que de forma generalizada se puede definir como el resultado de la valoración de la capacidad de poder hacer frente a las demandas del entorno. En función del resultado de esta valoración subjetiva, la persona generará estrés o no. Las personas que son capaces de hacer frente al estrés disponen de la habilidad de la resiliencia, que es el conjunto de habilidades de resistencia frente a riesgos biológicos, psicológicos y psicosociales que se van experimentando en el desarrollo vital. Estas habilidades nos permiten compensar las consecuencias negativas de los estresores y los factores de riesgo.

Los estresores se pueden divivir en dos categorías. Los estresores físicos son factores como el ruido, hacinamiento, calor, frío o enfermedades. Bajo estresores piscológicos se entienden crisis vitales normativas, en el sentido de que siguen la norma, como pueden ser la indepencia del hogar familiar o la ruptura de una relación sentimental, o no normativas en el sentido de poco/menos frecuentes como pueden ser accidentes o el diagnóstico de una enfermedades. Los estresores psicológicos no necesariamente tienen que tener un signo negativo: por ejemplo, el nacimiento del primer hijo también puede ser un estresor a pesar de ser un evento deseado.

Los estresores suponen, independientemente de su tipo, que la persona tiene que proceder a una adaptación ante un determinado cambio. Que la persona pueda mantener un estado saludable y evitar consecuencias negativas en ese proceso depende de los recursos individuales de los que disponga cada persona. Estos recursos, que en su conjunto suponen la capacidad de resiliencia, no nos hacen invencibles si no que nos capacitan para manejar y hacer frente al estrés y a las demandas de nuestro entorno. Esas habilidades hay que aprenderlas y activarlas.

En relación al estrés, es importante distinguir dos conceptos. La demanda y la exigencia psicológica. La demanda es cualquier factor externo que es capaz de generar una reacción en una persona, como por ejemplo ruido, límite de tiempo para acabar una tarea o las expectativas contradictorias de un jefe. La exigencia psicológica es la reacción de una persona ante esa demanda.

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Esta diferenciación permite explicar que una misma demanda pueda implicar distintos niveles de exigencia en distintas personas: ante un límite temporal para acabar una tarea, una persona puede generar una respuesta de estrés y otra no. Los factores que intervienen en el grado de exigencia psicológica ante una misma demanda son la edad, el estado físico, factores familiares y sociales o el grado de experiencia.

Poder hacer frente al estrés implica dos tipos de estrategias: modificar el entorno o modificar aspectos internos de la persona. La respuesta de estrés, al ser una valoración subjetiva como se ha explicado anteriormente, puede modificarse cambiando la interpretación de la situación a nivel de pensamientos (cognitivo) o interviniendo activamente y, a través de un aprendizaje, modificar la valoración de la situación, que en una primera experiencia ha generado estrés y posteriormente puede que ya no lo haga. Las estrategias también se pueden categorizar como estrategias orientadas al afrontamiento del problema y las orientadas al afrontamiento emocional. Las primeras se traducen en comportamientos para eliminar un determinado problema (buscar ayuda, hablar sobre un conflicto) y las segundas a reducir las consecuencias emocionales de un problema (distracción, reinterpretación de una situación).

Además de los recursos de los que se ha hablado antes que nos permiten mantenernos sanos (estilo de vida saludable, habilidades de afrontamiento del estrés), a continuación aparecen más variables que influyen en la salud de los individuos.

  • Autoeficacia: percepción de poder afrontar situaciones nuevas gracias a las propias capacidades. Se trata de la confianza en uno mismo y en las propias habilidades y capacidades.
  • Sentido de coherencia: la percepción de comprensión del mundo que nos rodea y de percibir la relación de nuestras acciones y sus efectos. Los estímulos que nos rodean son predecibles y los recursos están disponibles.  Personas con sentido de coherencia valoran las demandas como retos.
  • Optimismo: tendencia a ver y a juzgar las cosas en su aspecto más positivo o favorable. Aquí es importante destacar que no se trata de simplemente ver sólo el lado positivo de las cosas, si no de ser capaz de interpretar las situaciones de manera realista. También influye el enfocar la solución del problema y no el problema en sí.
  • Pertenecer a redes sociales: el disponer de personas y grupos en nuestro alrededor nos mantiene sanos. Las personas son seres sociales que no están preparadas para vivir aisladas.
  • Percepción de apoyo: la sensación de solidaridad de otros respecto a nuestras emociones y nuestros pensamientos nos hace validar lo que experimentamos y eso nos estabiliza y mantiene sanos

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Todos estos aspectos se pueden aprender y desarrollar. Incluso aunque haya una predisposición genética para ciertas enfermedades, con nuestros hábitos saludables físicos y mentales podemos intervenir en nuestro grado de bienestar y salud. Por ejemplo, los estados de demencia se pueden ralentizar con ejercicio, la artritis se puede retrasar gracias a el mantenimiento de un peso adecuado y el ejercicio y los infartos se pueden evitar a través de una dieta adecuada, ejercicio y un manejo adecuado del estrés.

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