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Posts Tagged ‘desarrollo inadecuado de los niños’

En mi trabajo con personas drogodependientes y con familias, he comprobado una y otra vez que se repiten ciertos patrones inadecuados en la dinámica en las familias respecto al trato que se da a los hijos y que generan muchos problemas en su desarrollo. Voy a hablar de algunos ejemplos que se repiten y de las consecuencias que se suelen producir.

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  • Rechazo del propio hijo por parecerse al progenitor ausente

Se suele dar por parte de las madres con sus hijos varones. El hijo les recuerda, por su aspecto físico, al padre y esto les genera emociones negativas ya que éste está asociado también a emociones negativas, sea por no haber superado la ruptura de la relación, sea por experiencias como pueden ser los malos tratos. Estas mujeres no son capaces de generar un vínculo afectivo con sus hijos, que les producen sensaciones de rechazo. Las madres suelen mostrar este rechazo mostrándose muy frías ante sus hijos o nombrando claramente la falta de amor y cariño hacia ellos, además de repetir que la causa de que sean tratados así es por ser “como tu padre”.

  • Preferencia por la pareja antes que por el hijo

En caso de conflicto entre el hijo y los progenitores, uno o ambos progenitores se sitúa siempre, de manera inflexible, del lado de la pareja sin entender o dedicarle tiempo al hijo para entender su posición o confirmar en parte o totalmente su punto de vista. El progenitor tiene absoluta prioridad y las necesidades del hijo no se tienen en cuenta. El niño genera la sensación de ser menos importante para su padre o su madre que la pareja, ya que éste o ésta nunca defiende su posición, independientemente del contenido de la discusión o diferencias. En casos extremos como pueden ser de violencia de un progenitor hacia el hijo, la pareja defiende al otro progenitor sin atender al hijo que ha sufrido la violencia.

  • Trato de un hijo como chivo expiatorio

En estos casos, se culpabiliza a los hijos del fracaso en la propia vida de los progenitores o de la ruptura de la relación de pareja. Los hijos crecen con el reproche constante de ser culpables de la infelicidad de los padres.

  • Rechazo y trato diferente al hijo de la pareja

Cuando un padre o una madre vuelve a rehacer su vida con otra pareja, no es poco frecuente que se  dé el patrón de no aceptar a los hijos de la pareja. Esto se da tanto en casos en los que sólo uno de los progenitores trae hijos de relaciones previas a la nueva familia como en los que son ambos.

En estos casos, los adultos muestran una clara preferencia por los hijos carnales y muestran rechazo a los hijos de la pareja. Se dan tratos desiguales y la educación está claramente dividida. Se pueden llegar a maltratar física o emocionalmente a los hijos de la pareja mientras que se trata con cariño a los propios. La rivalidad entre los hermanos se da por el trato vivido como injusto y los niños pueden generar sentimientos de impotencia ante la imposibilidad de cambiar esta situación.

  • Trato de los hijos como si fueran adultos

Algunos padres no son conscientes de las necesidades especiales de los niños. Se muestran impacientes y tienen expectativas poco realistas en relación con el momento de desarrollo en el que se encuentra el niño. Esto genera frustración en los niños, que crecen con la sensación de estar decepcionando a sus padres. Estos niños suelen mostrar conductas adultas muy pronto, ya sea la forma de hablar o las habilidades que demuestran. Un ejemplo de esto es el de un niño de 10 años que pide una cita por teléfono para la revisión en el taller del coche de sus padres. Aunque es conveniente que los niños vayan aprendiendo ciertas habilidades y que su lenguaje y forma de hablar se vaya adaptando al de los adultos, en estos casos se produce de manera adelantada respecto al resto de niños y se pierde el desarrollo de otras habilidades.

En relación a las consecuencias que pueden tener estos estilos de educación, hay que decir que, aunque a cada caso expuesto se le podría dedicar un capitulo aparte, se pueden sacar conclusiones generales.

Es importante mencionar que los niños suelen intentar explicarse la situación con las habilidades que tienen. Ya que no encuentran otras razones, frecuentemente tienden a sacar en conclusión que la razón del rechazo de sus padres o de sus reproches se encuentra en ellos mismos, que ellos (los niños) son malos y culpables. Las emociones más frecuentes son las de la frustración, tristeza e ira. Ante esta situación, intentan conseguir el amor de sus padres compensándolo con mayores esfuerzos por agradarles o aprenden a evitar el contacto con ellos para evitar emociones negativas. Sin embargo, ya que la razón del trato que reciben tiene otras causas y no depende de ellos, no logran cambiar la dinámica. Así, estos niños pueden desarrollar una indefensión ante la situación dado que no está en sus manos cambiar el trato recibido si no que son los padres los que tienen determinadas expectativas a la hora de educarles o determinadas dificultades en manejar emociones negativas, y éstas son las razones por las que se comportan así con sus hijos.

Más adelante, estos niños suelen tener dificultades a la hora de establecer vínculos afectivos debido a las experiencias previas con sus personas de referencia más importantes y las creencias que han formado a partir de ellas. Esto les puede generar problemas a nivel interpersonal. Pueden no confiar en los demás y a la hora de mantener una relación de pareja, puede que no sean capaces de permitir cercanía emocional o, por el contrario, que se hagan muy dependientes de sus parejas.

Hay que decir que este no siempre es el caso. Hay niños que adquieren otras capacidades gracias al contacto con otras personas de referencia como pueden ser otros familiares, profesores, etc y que logran compensar las dificultades generadas por la dinámica familiar que viven en sus casas. Gracias a estas experiencias positivas, se disminuye el riesgo de dificultades a la hora de establecer vínculos con otras personas y pueden desarrollar, a pesar de todo, un autoconcepto adecuado.

Los casos mencionados se dan tanto en familias desestructuradas, con un progenitor ausente o en las llamadas familias patchwork, como en familias “clásicas” en las que los padres e hijos viven juntos como unidad familiar. Lo característico es que uno o ambos progenitores tienen dificultades para superar determinadas experiencias previas como pueden ser malos tratos, pero también episodios negativos que se han dado anteriormente en sus vidas y que conllevan una falta de habilidades. Es frecuente que cuando se intentan producir cambios en la dinámica de familia, alguno de los progenitores explique sus dificultades por el hecho de no haber aprendido otra cosa en sus propias familias de origen. Una falta de vínculos emocionales con los propios padres o la falta de modelos adecuados de educación son las razones más frecuentes.

En relación con este tema, os invito a leer las entradas en este blog respecto a Hijos de padres separados,  Guía de necesidades de los niños y Educación consistente.

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