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Posts Tagged ‘drogas y embarazo’

Aprovechando mi asistencia al seminario sobre el “Embarazo sano y desarrollo infantil: panorama, exigencias y consecuencias para la ayuda a la drogadicción”  (“Gesunde Schwangerschaft und kindliche Entwicklung – Situation, Anforderungen und Konsequenzen für die Suchthilfe)  realizado en la Katholische Hochschule en Colonia el 18 de octubre de 2013, dedicaré este espacio al Síndrome Alcohólico Fetal (SAF), que fue el tema central de dicho seminario.

En Europa, se estima que un 30% de las mujeres consumen alcohol durante su embarazo y que entre un 1,2 y un 3,5% consume con el denominado estilo Binge Drinking (consumo hasta un alto estado de embriaguez). Entre 0,2 y 8,2 niños por cada mil sufren el Síndrome Alcohólico Fetal.

Veamos qué se entiende por el Sïndrome Alcohólico Fetal empezando por sus criterios diagnósticos. El Síndrome Alcohólico Fetal (SAF) es diagnosticado a partir de tres criterios, que se exponen a continuación sin profundizar excesivamente en los detalles:

Image1. Trastornos del crecimiento: Los criterios para diagnosticar un trastorno del crecimiento se refieren a anormalidades del peso, la altura o el índice de masa corporal. Al menos uno de ellos se debe confirmar. El criterio referido al índice de masa corporal es el menos exacto de los criterios ya que supone que un índice menor al percentil 40 indica un trastorno de crecimiento. Sin embargo, en muchos niños se da ese percentil sin tener un SAF.

2. Trastornos faciales: Los niños con SAF se caracterizan por tener un labio superior muy fino, un filtro (la ranura entre la nariz y el labio superior) inexistente y unos ojos más pequeños de lo normal. Existen tablas con mediciones para analizar si se trata de rasgos faciales normales o anormales.

3. Trastornos del Sistema Nervioso Central (SNC): Las características de las anomalías del SNC se dividen en funcionales y estructurales. Entre algunas de las características funcionales más frecuentes en niños que sufren un SAF se encuentran la epilepsia, trastornos del aprendizaje y déficits en las funciones ejecutivas e inteligencia. Entre las estructurales se encuentran la microcefalia (un cráneo más pequeño de lo establecido como normal).

4. Exposición intrauterina al alcohol: Este cuarto criterio no es imprescindible. Es decir, presentándose un criterio de cada unas de las otras tres anormalidades no es necesario confirmar el consumo de alcohol durante el embarazo ya que se da por supuesto. La desventaja es que esta norma da lugar a falsos positivos.

ImageAlgunos médicos son de la opinión de que un consumo moderado de alcohol no afectará al feto. Sin embargo, no existen evidencias claras sobre qué cantidad es inocua y qué límite se tiene que sobrepasar para que se produzcan trastornos. Por ello, lo más recomendable es no beber nada de alcohol para evitar riesgos. Cuando la mujer bebe alcohol, lo está compartiendo con el feto, que necesitará más tiempo que la madre en descomponer los restos tóxicos y que se encontrará en un estado de embriaguez hasta entonces.

*Dificultades a la hora de diagnosticar SAF

A pesar de haberse pautado determinados criterios diagnósticos para el SAF, muchas veces este trastorno no es etiquetado. Las razones por las que se da este fenómeno son varias. Los ginecólogos muchas veces no preguntan a la futura madre si consume alcohol. Durante el proceso del embarazo los ginecólogos deben explicar y observar muchos factores y puede que por falta de tiempo (por la organización de las clínicas y hospitales) o por creencias personales no mencionen el tema del consumo de alcohol. El consumo de alcohol durante el embarazo puede chocar con el sistema de creencias del médico, que se encontrará en un conflicto moral. A pesar de las conocidas consecuencias, cada mujer sigue teniendo el derecho a decidir si bebe o no alcohol en su estado de gestación y puede que algunos médicos omitan el hablar del tema para evitar esos conflictos morales.

*Importancia del diagnóstico

Diagnosticar el SAF no permite curarlo. Las anomalías que se han producido en el desarrollo del feto no se pueden modificar: el sistema nervioso se ha generado con deficiencias que se mantendrán por el resto de la vida de la persona. Sin embargo, un diagnóstico de este trastorno tiene ventajas, como por ejemplo favorecer el entendimiento de las familias hacia el comportamiento de los niños (y más adelante adultos) que sufren el SAF. Las deficiencias en las funciones ejecutivas hacen que estas personas no sean capaces de planificar y de aprender secuencias de conductas como pueden ser las tareas más cotidianas: atarse los cordones o lavarse los dientes. Si la familia no comprende lo que le pasa al niño puede generarse un ambiente generalizado de estrés y frustración, tanto para la familia como para el niño: el niño vivirá cómo es tratado con impaciencia mientras que los adultos se preguntarán “¿cómo es posible que aún no se sepa atar los cordones si se lo hemos enseñado un millón de veces?”. Por otro lado, aunque no se puedan modificar las anomalías hasta el punto de curarlas, se puede intervenir de manera paliativa sobre los síntomas. Esta intervención será más exacta cuanto más exacto sea el diagnóstico, por lo tanto, se favorecerá el desarrollo del niño si se acude a un especialista con conocimientos en este trasorno. Pero para ello es necesario que se haga un examen riguroso y se descarten otras explicaciones.

A pesar de todo, el pronóstico de vida de estas personas no es muy alentador. Se calcula que sólo un 30% de ellas tendrá una vida independiente, que un 67% será víctima de una agresión sexual y que un 60% comete algún delito. Se parte de la hipótesis de que las personas que sufren SAF no son capaces de generar aprendizajes, lo que implica que sus conductas son difícilmente corregibles a pesar de sufrir consecuencias como problemas con la justicia, en el caso más extremo. El pronóstico es mejor cuanto antes se haya detectado el síndrome y cuanto más estable sea el entorno en el que se encuentre la persona que lo padece.

*Qué mujeres consumen alcohol durante el embarazo

Se han realizado estudios para conocer algo más el perfil de la mujer embarazada que consume alcohol. No se han llegado a conclusiones inequívocas, pero se han detectado algunos factores que favorecen el consumo de alcohol. Entre algunos de esos factores se encuentran: un alto nivel de formación; el haber sufrido maltrato; el consumo de drogas; trastornos mentales o el consumo por parte de la pareja.

Me centraré en la mujer que consume drogas y alcohol por ser un ámbito muy relacionado con mi trabajo. Estas mujeres pueden sufrir amenorrea (falta de la menstruación) a causa del consumo de sustancias y, sin embargo, quedarse embarazadas porque se ha producido la liberación de un óvulo. Por ello, muchas mujeres drogadictas no saben que están embarazadas porque no tienen la regla y dan por hecho que no pueden estarlo. Los síntomas típicos de los primeros meses de embarazo los suelen confundir con el síndrome de abstinencia.

Es muy típico que las mujeres que abusan de las drogas y el alcohol hayan sido víctima de un abuso sexual. El consumo de Imagedrogas ayuda a superar ese evento traumático y el alcohol forma parte de él. Estas mujeres suelen ser bastante labiles por el tipo de experiencias que han vivido y el abuso de alcohol les ha impedido aprender otro tipo de estrategias para manejar su malestar. El consumo de por sí también genera labilidad (por los efectos de las sustancias, y porque su obtención requiere invertir mucho tiempo y según aumentan las cantidades comienzan las conductas criminales, etc), por lo que se trata de mujeres muy inestables. El embarazo, por lo general, constituye una experiencia que genera estrés y hace que las mujeres se encuentren desbordadas, y más si ya de por sí cuentan con una menor estabilidad emocional: el embarazo puede generar, como en cualquier otra mujer que no sea adicta, miedo, depresión o ansiedad. Pero en el caso de una mujer adicta a sustancias (ilegales), se añaden otros factores problemáticos: el padre suele estar ausente o, si está, la relación es conflictiva; y suelen recibir poco apoyo por parte de familiares o amigos ya que a causa del consumo se han alejado de sus familias. Se añade que son conscientes de que su estilo de vida (consumo, criminalidad) no concuerda con el rol de embarazada que se les asignaría típicamente en la sociedad: una mujer femenina, tierna, cariñosa e ilusionada por su futuro hijo. Este conflicto les genera aún más ansiedad y autorreproches. Si se añade el factor antes mencionado (las mujeres pueden que ni siquiera sepan que estén embarazadas porque no cuentan con esa posibilidad), estamos ante mujeres que son conscientes de que están en un periodo de gestación una vez que el proceso está avanzado. Además, estos los niños suelen nacer prematuramente. Por lo tanto, la mujer tiene pocos meses para concienciarse de su estado y de los cambios que conlleva el nacimiento de un hijo. Este proceso es más largo en mujeres que tienen la menstruación de manera regular y cuyos hijos nacen a los 9 meses, como es lo habitual.

Un embarazo suele ser la razón más importante que indican estas mujeres como motivación para dejar de consumir tanto drogas como alcohol. Algunas de ellas, de hecho, consiguen vivir sin consumo durante el embarazo ya que se sienten realizadas y encuentran la fuerza para dejar las drogas. En estos casos, un embarazo aporta estabilidad. No es lo más frecuente pero esa opción existe.

ImageEl trabajo con mujeres embarazadas y adictas a sustancias es un ámbito lleno de conflictos morales para las personas que ayudan a estas mujeres. Los trabajadores deben combinar la aceptación de la decisión de esas mujeres con la necesidad de intentar hacer ver las consecuencias nocivas del consumo de alcohol (y otras drogas, por supuesto) y ayudarlas a trabajar en los problemas que están manteniendo el consumo. Un trabajo muy duro desde luego y que genera muchos conflictos morales. Por esta razón se dice que este ámbito laboral es uno de los que más conflictos internos produce en los trabajadores.

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