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En psicología se da por hecho que todas las personas, independientemente de su lugar de origen, comparten varias necesidades básicas. Estas son:

  • apego/ relaciones sociales
  • sensación de control
  • protección de la autoestima
  • búsqueda de placer/ evitación de desagrado

Hoy, os voy a hablar del tercer punto, la autoestima. Para proteger nuestra autoestima necesitamos, entre otras cosas, que seamos valorados como personas, tanto por nosotros mismos como por otros. Esta valoración positiva muchas veces se basa en el reconocimiento o aprobación al haber hecho algo especial: alguien ha tenido una idea brillante, ha logrado algo con mucho esfuerzo (aprobar unas oposiciones, sacar un título a la vez que trabaja, educar a un hijo siendo madre soltera), tiene éxito en algo (monta una empresa y gana mucho dinero), ha mejorado ( por ejemplo, su nivel de inglés, los kilómetros que ha corrido)…

Esto implica en muchos casos dos creencias implícitas:

  • que debe darse una ausencia de errores para poder optar a reconocimiento
  • que siempre hay que rendir, es decir, hay que hacer algo activamente para recibir reconocimiento.

En ambas creencias se excluye la opción de recibir atención/ reconocimiento de manera incondicional, es decir, poder gustar simplemente por ser quienes somos, con nuestras habilidades y también nuestras manías, nuestras incompetencias en algunos campos  o nuestros errores, que nos hacen ser nosotros mismos. Las personas que dejan la carrera universitaria a la mitad porque no les gusta o no muestran ambiciones de cambio o mejora suelen encontrarse con ciertas actitudes negativas por parte de los demás.

Cuando una persona recibe menos reconocimiento o valoración de la necesaria, la autoestima sufre. “No gusto a los demás”, “valgo menos” o “no valgo nada” serían pensamientos que aparecerían y que nos harían sentir tristes y deprimidos. Ya que esto es un estado desagradable que queremos evitar y las personas tendemos a proteger nuestra autoestima, desarrollamos estrategias para modificar este estado y sentirnos mejor.  Si las estrategias adaptativas no nos funcionan (por ejemplo, rodearnos de gente que sí nos valore o pedir activamente más elogios, como puede ser el caso en una pareja), desarrollamos otras que no son tan sanas por los costes que implican. Veamos cuáles pueden ser.

  1. El evitador: algunas personas tienden a pensar que “no soy bien valorado ni nunca lo seré” y tienden a autoengañarse  asegurándose que “no necesito gustar a los demás”. Suelen mostrar un caparazón frío, distanciado hacia los demás que sin embargo esconde el miedo a no recibir atención.
  2. El perfeccionista: algunas personas intentan solucionar la falta de reconocimiento por parte de otros rindiendo más y evitando cometer cualquier fallo. La idea que se esconde detrás es “si hago más, les gustaré”, “Si no les gusto es porque no me he esforzado lo suficiente”.
  3. El animador: dado que no reciben suficiente valoración por parte de los demás,
    estas personas intentan conseguirla intentando ser el centro de atención. La creencia que hay detrás es “si soy interesante soy bueno”, “si soy especialmente gracioso/ tengo suficiente que contar, gustaré”.
  4. El rebelde: estas personas consiguen recibir atención a través de comportamientos negativos. Se habla de la atención negativa y la explicación que hay detrás es “si soy diferente, soy bueno”, “si destaco, aunque sea negativamente, al menos llamaré la atención y me percibirán”
  5. El ayudante: estas personas ignoran necesidades propias para centrarse en otros, siguiendo la idea de que “si ayudo a los demás y me muestro indispensable, me valorarán”.
  6. El adicto: hay personas que recurren a sustancias o a comportamientos adictivos para reducir el malestar de no ser valoradas suficientemente y “anestesiar” las emociones negativas asociadas a este hecho. La creencia que hay detrás es “si no valgo para los demás, al menos no quiero percibir esa emoción negativa”.

Cabe destacar que estas estrategias no son malas de por sí. Puntualmente pueden ayudarnos pero si se tiende a usar una de ellas como “solución para todo“, se puede convertir en un estilo de comportamiento, es decir, un patrón de conducta. Ello implica que se usaría una de ellas y faltarían alternativas que nos permitirían adaptarnos a la situación. Por ejemplo, si alguien tiende a intentar obtener reconocimiento por parte de su superior en el trabajo a través de un alto rendimiento pero este superior no responde como se desea, una opción sería cambiar de estrategia y pedir asertivamente algo más de reconocimiento. Pero si esta persona únicamente dispone de su rendimiento como estrategia, seguramente deduzca que si su jefe no reacciona es porque no se ha esforzado lo suficiente. Tenderá a rendir aún más, lo que puede llevarle a trabajar por encima de sus límites y, a largo plazo, incluso puede tener costes para la salud, además de, probablemente, no lograr su objetivo de ser mejor valorado.

Para no caer en la trampa de asumir un determinado rol (como se ha descrito anteriormente) para acceder a una mejor valoración y así a una mejor autoestima, es recomendable darse cuenta del patrón que estamos usando. Una vez reconocido, es adecuado buscar alternativas, trabajando en las ideas que mantienen activo nuestro comportamiento (citando los ejemplos de antes: “si soy interesante soy bueno”  o “si hago más, les gustaré”). Esto nos permite usar estrategias más adaptativas por ser más directas y más claras en la comunicación con los demás.

  • pedir atención y reconocimiento si creemos que la otra persona podría expresar más frecuentemente nuestros aspectos positivos
  • aceptar reconocimiento cuando nos lo dan. Muchas personas no son capaces de integrar halagos o valoraciones positivas por parte de los demás en su autoestima, de tal  manera que insisten en seguir con sus patrones de búsqueda de atención a partir del rendimiento o de ayudar a otros.
  • darse reconocimiento uno mismo. Si nos damos suficiente valor, nos hacemos menos dependientes de lo que opinen los demás, tanto en el caso de críticas negativas como positivas. Esto nos permite aceptar que no le gustemos a alguien y también asumir que hay personas a las que les gustamos mucho sin que eso influya excesivamente en nuestra autoestima.
  • rechazar reconocimiento falso. En el ámbito de trabajo o de pareja, a veces nos encontramos con alabanzas que son manipulativas y persiguen otro objetivo distinto al de mostrar gratitud o reconocimiento. Si se detecta, es sano darse cuenta de que ese reconocimiento no es auténtico y no caer en la trampa de orientarnos a la atención de esas personas.

 

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El animador

 

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Los problemas más frecuentes por los que alguien acude a un tratamiento psicológico son los relacionados con el estrés y la ansiedad: por ejemplo, personas que tienen una gran carga de tareas a sus espaldas y tienen la sensación de no poder con todo, personas que  presentan un alto nivel de ansiedad en muchos ámbitos de su vida, como podría ser un caso de ansiedad generalizada, o personas con miedo a las enfermedades, también llamado hipocondria (cuya explicación podéis leer en el artículo Entendiendo la hipocondria).

En estos casos, en los que se da una alta activación fisiológica, una de las metas que se establecen en el tratamiento es el de aprender a relajarse.

 

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Antes de explicar algunos métodos de relajación, conviene explicitar algo más precisamente dos puntos: la definición de ansiedad y estrés.

 

1.¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una respuesta natural ante peligros percibidos. Tener ansiedad no significa tener una alteración, al contrario: la ansiedad cumple una función adaptativa ya que nos prepara para actuar de manera muy rápida ante peligros. Para ello, el cuerpo dispone de dos sistemas, el sistema nervioso simpático y el sistema nervioso parasimpático. El primero, el SN simpático, se encarga de activar todos los cambios típicos de una respuesta de ansiedad: aumento de la tasa cardiaca, aumento de frecuencia respiratoria, aumento de la tensión muscular , dilatación de las pupilas, la redistribución de la sangre (de tal manera que se envía menos al cerebro y más a las manos y piernas), la sudoración (para regular el aumento de temperatura corporal), la parada de procesos no necesarios (como la digestión) o la aceleración del proceso de evacuación.

El SN parasimpático se encarga de poner en marcha las respuestas contrarias, es decir: una reducción de la tasa cardiaca, una reducción de la frecuencia respiratoria, etc. O, lo que es lo mismo, activa la respuesta de relajación.

 

2. ¿Qué es el estrés?

El estrés es la valoración o percepción sobre nuestra propia capacidad para hacer frente a las demandas del entorno. Dependiendo del resultado (“soy capaz” o “no soy capaz”), se generará estrés o no, y con ello, el cuerpo reaccionará con ansiedad (con sus respuestas que han sido enumeradas más arriba) o no.

Una vez entendido esto, se puede deducir por qué los métodos de relajación son importantes a la hora de abordar casos relacionados con estrés y ansiedad. Se trata de reducir el nivel de activación, o dicho en otras palabras, activar el sistema nervioso parasimpático para reducir las respuestas de ansiedad y aumentar la sensación positiva de la relajación.

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¿Qué métodos existen para aprender a relajarnos?

Hoy os voy a presentar tres métodos que son muy usados en el tratamiento de problemas de carácter ansioso o estresante. Como hemos visto anteriormente, unas de las respuestas de ansiedad son un aumento de la tensión muscular y un aumento de la frecuencia respiratoria. Pues bien, existen dos métodos de relajación que actúan precisamente a nivel muscular y a nivel respiratorio.

El principio de la relajación progresiva de Jacobson es que si el estrés produce tensión muscular (la psique influye al cuerpo), al revés también debe funcionar: una distensión muscular producirá una distensión interna (el cuerpo influye a la psique). Por lo tanto, la relajación progresiva de Jacobson consiste en usar la tensión y distensión de los músculos para provocar la respuesta de relajación. La tensión previa de los músculos es una ayuda para facilitar el aprendizaje, el objetivo final es poder provocar la sensación de relajación sin una tensión previa.

man-486634_1920Este método se aprende en un primer paso tensando 16 partes del cuerpo para detectar diferentes sensaciones: 1) mano dominante, 2) brazo dominante, 3) mano no dominante, 4) brazo no dominante, 5) frente, 6) cara, 7) boca, 8) cuello, 9) hombros, 10) abdomen, 11) muslo pierna dominante, 12) pantorrilla dominante, 13) pie dominante,  14) muslo pierna no dominante, 15) pantorrilla no dominante, 16) pie no dominante.
Más adelanta, los músculos se tensan en grupos, es decir, varias partes del cuerpo a la vez, de tal manera que se activan 7 grupos musculares a la vez y, en un siguiente paso, 4 grupos. Se trata de reducir el tiempo invertido y poder automatizar la respuesta de relajación.

La respiración diafragmática o abdominal se basan en que en estados de ansiedad, respiramos de manera superficial, inspirando más oxígeno del que necesitamos, pudiendo llegar incluso a la hiperventilación. Con la respiració profunda o diafragmática se regula la cantidad de oxígeno que inspiramos y monóxido de carbono que producimos. Con la inspiración profunda, baja el diafragma, permitiendo que los pulmones se llenen de aire. Con la espiración, el diafragma vuelve a subir. El diafragma activa el SN Parasimpático y con ello pone en marcha las respuestas de relajación.

Para practicar la respiración diafragmática, se tienen que llevar a cabo unos pasos muy fáciles:

  • Inspirar lentamente por la nariz, llenando los pulmones. Notar cómo se hincha la tripa (para ello se puede colocar una mano encima de la tripa)
  • Contener la respiración durante unos tres segundos.
  • Expirar lentamente por la boca. Notar cómo la tripa se deshincha.
  • Volver al paso 1)

En este ejercicio se nota muy rápidamente cómo la respiración se vuelve más lenta y que somos capaces de inspirar y espirar durante más tiempo. Para poder usar esta técnica en momentos de estrés o ansiedad, es necesario adquirir cierto automatismo, por lo que conviene practicar varias veces al día durante varios minutos. Al principio, es importante realizar los ejercicios estando tranquilo para más adelante ponerlos en práctica en momentos de estrés.

Una tercera técnica de relajación es el llamado entrenamiento autógeno de Schultz. El entrenamiento autógeno es un método de relajación muy fácil de aprender. Muy parecido al pensamiento de Jacobson, Schultz se dio cuenta de que sus pacientes muchas veces describían sensaciones de calor y pesadez a la hora de relajarse, y se planteó usar precisamente la sugestión de esas sensaciones a nivel corporal para provocar  una relajación mental.

El entrenamiento autógeno se aprende en 7 fases, basándose cada  nueva fase en las sensaciones de las anteriores. La primera se considera una preparación para las siguientes fases y consiste en generar sensaciones de calma. En la segunda, se trata de generar sensaciones de pesadez en brazos y piernas. En la tercera fase, se añaden las sensaciones de calor. En la cuarta fase, además, se incluye la sugestión de una respiración profunda. Llegados a la quinta fase, se introduce la observación de los latidos del corazón. En la sexta fase, añadido a la anterior, se generan sensaciones positivas asociadas a la parte del abdomen. En la séptima fase, el elemento nuevo es la sensación de frescor en la frente. 

¿Es mindfulness un método de relajación?

El minfulness no es en sí una técnica de relajación. El mindfulness consiste en focalizar nuestra atención en el aquí y el ahora, dándonos cuenta de nuestras percepciones sin valorarlas. Muchas personas viven esta experiencia como relajante por el hecho de que el factor estresante de estar pensando en situaciones pasadas o anotando mentalmente tareas pendientes en el futuro se elimina, es decir, desaparece o se reduce el desencadenante que puede generar ansiedad o malestar y por ello se produce un estado de relajación.

 

Muchas veces se ha estudiado qué hace enfermar a las personas, tanto a nivel orgánico como mental, sin embargo, el estudio sobre qué mantiene sanas a las personas es un enfoque más novedoso. Este cambio de enfoque permite estudiar los factores de protección y ayuda a aclarar qué pautas son adecuadas para lograr el objetivo “salud”.

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), la salud se define como un estado de completo bienestar físico, mental y social, no solamente la ausencia de enfermedad. Tener un estado saludable implica tener capacidad de actuación y rendimiento y ser capaz de mantener ese estado incluso ante demandas nuevas e intensas.

Los siguientes factores de protección en relación a la salud son bastante conocidos: hacer ejercicio regularmente, una dieta equilibrada, un consumo moderado de alcohol, la ausencia de consumo de cigarrillos y fases de regeneración y relajación. Todos ellos son factores fundamentales para mantener un estado de salud y todos ellos son hábitos de comportamiento que se pueden instaurar. En ese sentido, la salud se puede “aprender” y las personas tienen influencia sobre ella.rana deporte2

Además de seguir las pautas establecidas en cada uno de los ámbitos mencionados, para mantenernos saludables se habla fundamentalmente de la capacidad de hacer frente al estrés, que de forma generalizada se puede definir como el resultado de la valoración de la capacidad de poder hacer frente a las demandas del entorno. En función del resultado de esta valoración subjetiva, la persona generará estrés o no. Las personas que son capaces de hacer frente al estrés disponen de la habilidad de la resiliencia, que es el conjunto de habilidades de resistencia frente a riesgos biológicos, psicológicos y psicosociales que se van experimentando en el desarrollo vital. Estas habilidades nos permiten compensar las consecuencias negativas de los estresores y los factores de riesgo.

Los estresores se pueden divivir en dos categorías. Los estresores físicos son factores como el ruido, hacinamiento, calor, frío o enfermedades. Bajo estresores piscológicos se entienden crisis vitales normativas, en el sentido de que siguen la norma, como pueden ser la indepencia del hogar familiar o la ruptura de una relación sentimental, o no normativas en el sentido de poco/menos frecuentes como pueden ser accidentes o el diagnóstico de una enfermedades. Los estresores psicológicos no necesariamente tienen que tener un signo negativo: por ejemplo, el nacimiento del primer hijo también puede ser un estresor a pesar de ser un evento deseado.

Los estresores suponen, independientemente de su tipo, que la persona tiene que proceder a una adaptación ante un determinado cambio. Que la persona pueda mantener un estado saludable y evitar consecuencias negativas en ese proceso depende de los recursos individuales de los que disponga cada persona. Estos recursos, que en su conjunto suponen la capacidad de resiliencia, no nos hacen invencibles si no que nos capacitan para manejar y hacer frente al estrés y a las demandas de nuestro entorno. Esas habilidades hay que aprenderlas y activarlas.

En relación al estrés, es importante distinguir dos conceptos. La demanda y la exigencia psicológica. La demanda es cualquier factor externo que es capaz de generar una reacción en una persona, como por ejemplo ruido, límite de tiempo para acabar una tarea o las expectativas contradictorias de un jefe. La exigencia psicológica es la reacción de una persona ante esa demanda.

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Esta diferenciación permite explicar que una misma demanda pueda implicar distintos niveles de exigencia en distintas personas: ante un límite temporal para acabar una tarea, una persona puede generar una respuesta de estrés y otra no. Los factores que intervienen en el grado de exigencia psicológica ante una misma demanda son la edad, el estado físico, factores familiares y sociales o el grado de experiencia.

Poder hacer frente al estrés implica dos tipos de estrategias: modificar el entorno o modificar aspectos internos de la persona. La respuesta de estrés, al ser una valoración subjetiva como se ha explicado anteriormente, puede modificarse cambiando la interpretación de la situación a nivel de pensamientos (cognitivo) o interviniendo activamente y, a través de un aprendizaje, modificar la valoración de la situación, que en una primera experiencia ha generado estrés y posteriormente puede que ya no lo haga. Las estrategias también se pueden categorizar como estrategias orientadas al afrontamiento del problema y las orientadas al afrontamiento emocional. Las primeras se traducen en comportamientos para eliminar un determinado problema (buscar ayuda, hablar sobre un conflicto) y las segundas a reducir las consecuencias emocionales de un problema (distracción, reinterpretación de una situación).

Además de los recursos de los que se ha hablado antes que nos permiten mantenernos sanos (estilo de vida saludable, habilidades de afrontamiento del estrés), a continuación aparecen más variables que influyen en la salud de los individuos.

  • Autoeficacia: percepción de poder afrontar situaciones nuevas gracias a las propias capacidades. Se trata de la confianza en uno mismo y en las propias habilidades y capacidades.
  • Sentido de coherencia: la percepción de comprensión del mundo que nos rodea y de percibir la relación de nuestras acciones y sus efectos. Los estímulos que nos rodean son predecibles y los recursos están disponibles.  Personas con sentido de coherencia valoran las demandas como retos.
  • Optimismo: tendencia a ver y a juzgar las cosas en su aspecto más positivo o favorable. Aquí es importante destacar que no se trata de simplemente ver sólo el lado positivo de las cosas, si no de ser capaz de interpretar las situaciones de manera realista. También influye el enfocar la solución del problema y no el problema en sí.
  • Pertenecer a redes sociales: el disponer de personas y grupos en nuestro alrededor nos mantiene sanos. Las personas son seres sociales que no están preparadas para vivir aisladas.
  • Percepción de apoyo: la sensación de solidaridad de otros respecto a nuestras emociones y nuestros pensamientos nos hace validar lo que experimentamos y eso nos estabiliza y mantiene sanos

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Todos estos aspectos se pueden aprender y desarrollar. Incluso aunque haya una predisposición genética para ciertas enfermedades, con nuestros hábitos saludables físicos y mentales podemos intervenir en nuestro grado de bienestar y salud. Por ejemplo, los estados de demencia se pueden ralentizar con ejercicio, la artritis se puede retrasar gracias a el mantenimiento de un peso adecuado y el ejercicio y los infartos se pueden evitar a través de una dieta adecuada, ejercicio y un manejo adecuado del estrés.

En las películas, en los libros, en las conversaciones cotidianas… siempre está presente él, el amor. A pesar de estar tan presente, de haber sido vivido por prácticamente todas las personas y ser una de las causas de más felicidad o, en caso de acabarse, de tristeza, se trata de un tema complejo y que presenta dificultades a la hora de ser estudiado. Hoy os presento una guía muy útil y de fácil lectura que aborda el tema de las relaciones de pareja y los problemas más frecuentes. Se trata del libro “Vivir en pareja” de Raimon Gaja, psicólogo clínico y fundador y director del Insituto Superior de Estudios Psicológicos (ISEP) de Barcelona.

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Aunque el autor habla sobre muchos temas relativos a las parejas , los problemas más frecuentes y formas de solucionarlos, el post de hoy se centra en dos preguntas:  ¿Por qué elijo a quien elijo como pareja? Y ¿de qué depende que una relación sea exitosa?

Respecto a la primera pregunta, existen varias teorías. Aquí os presento algunas de las que quedan mencionadas en el libro.

  1. ¿Por qué elijo a quien elijo como pareja?

Winch afirma que cada persona dispone de “un abanico de candidatosamor2 elegibles” y que elige a aquella persona que mejor satisfaga sus necesidades. Es decir, dependiendo de la edad, estatus, lugar de residencia etc. la persona dispone de un número determinado de candidatos a elegir y que suelen estar cerca: en el mismo trabajo, el mismo lugar de residencia, en el grupo de amigos etc. Para este autor la elección de pareja, por tanto, no es tan libre como pensamos. Kerckhoff se basa en la idea de Winch y su “abanico de candidatos elegibles” y utiliza los conceptos de “abanico de deseables” y “abanico de disponibles”, haciend hincapié en la influencia que tiene nuestra cultura y el ambiente social en el que nos movemos.

Para John Lee, una persona elige a otra como su pareja en función de si/ en qué grado puede satisfacer tres necesidades:  compañía, recreo y pasión.  Puede haber diferencias en las parejas dependiendo de la importancia que tenga cada necesidad. Por ejemplo, una pareja que dé más valor a la compañía que a las demás necesidades, puede ser feliz sin relaciones sexuales. Los problemas surgen cuando se espera de la pareja que ésta sea siempre y de manera constante compañero, amigo y amante. En estos casos, los miembros de la pareja (o al menos uno de ellos) suelen idealizar el amor y cómo debe ser una pareja (véase más adelante “los mitos del amor”), lo que puede provocar insatisfacción.

La teoría de la equidad dice que tendemos a iniciar una relación únicamente cuando creemos que ésta será beneficiosa para ambas partes y que cuando más socialmente deseable sea una persona (más atractiva, más poderosa, más inteligente, etc.), más esperará que su pareja también lo sea.

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Esta teoría explica que las personas con parecido atractivo físico tienden a emparejarse y que si hay diferencias en cuanto al atractivo físico, suele haber una complementareidad que compensa esa diferencia. Por ejemplo, si la otra persona es considerada menos atractiva que uno mismo pero a cambio más inteligente, más divertida, más poderosa económicamente etc., podemos ver a la otra persona como una candidata a ser nuestra pareja.  Según esta teoría, una relación tenderá a durar más cuanta más equidad exista. También explicaría los casos en lo que uno de los miembros asciende en la escala social y que cambia la percepción de su pareja, que ya no dispone del “atractivo” valorado anteriormente. La equidad ya no estaría dada y probablemente surjan problemas e incluso puede que se acabe la relación.

       2.     ¿De qué depende que una pareja sea exitosa?

amor6En cuanto a los factores de los que depende que una pareja funcione, también existen varias teorías. Cabe decir que la unión de dos personas con un proyecto futuro en común no suele ser fácil. Cada persona trae consigo una historia de aprendizaje que no desparece por el simple hecho de estar en pareja. Por ello, se dice que una pareja resulta satisfactoria si es capaz de conciliar las historias personales de cada uno de los miembros de la pareja y encontrar un objetivo común.

Siendo más concretos, se considera que una relación es satisfactoria cuando cada uno de los miembros que forman la pareja recibe unos beneficios (refuerzos) superiores  a los costes (renuncias) que debe “pagar” a cambio de mantener la unión.

Al inicio de una relación, los beneficios suelen ser abundantes. Se procede a conocer a la persona y normalmente se viven experiencias muy gratificantes: paseos románticos, cenas, momentos de anécdotas… Todo es nuevo y ambos cuidan cómo se presentan ante el otro e intentan parecer atractivos para el otro. El tiempo que se pasa juntos suele ser altamente positivo. Según pasa el tiempo, aumentan los costes. Se comienzan a experimentar situaciones no siempre agradables con la otra persona, surgen los primeros conflictos y la pareja ya no es la imaginada o idealizada. Se considera que la pareja es exitosa si ante situaciones conflictivas es capaz de mantener el intercambio de recompensas y que éste siga compensando los costes. Llegados a este punto, muchas parejas acaban con el intercambio de beneficios y comienzan a usar conductas coercitivas, forzando al otro a cambiar a través de consecuencias negativas (como por ejemplo, castigando al otro con silencio o con gritos, “saboteando” al otro etc.) El grado de insatisfacción en la pareja aumenta con este tipo de experiencias.

Otro de los factores por los que una relación de pareja fracasa son las ideas que tienen los miembros sobre cómo es o debería ser una pareja. Se han estudiado las expectativas que suelen tener las personas relacionadas con el amor/ la pareja y se ha llegado a la conclusión de que existen ciertos “mitos del amor”. A continuación se enumera una lista de mitos estudiados por Borstein.

Mitos del amor de Borstein (1986)

  1. Nuestro amor (romance y excitación) continuará sin disminuir a lo largo del tiempo.
  2. Mi pareja debería ser capaz de anticipar mis pensamientos, sentimientos y necesidades.
  3. Mi pareja no debería herirme o ponerse furioso/a nunca.
  4. Si es verdad que me quieres, deberías tratar de agradarme en todo momento (satisfacer mis necesidades y deseos).
  5. Amor significa no disgustarse nunca con la pareja .
  6. Amor significa desear estar juntos en todo momento.
  7. Nuestros intereses personales, objetivos y valores permancerán siempre similares.
  8. Mi pareja será siempre abierta, directa y sincera conmigo.
  9. Puesto que estamos enamorados mi pareja me va a respetar, entender y aceptar siempre, independientemente de lo que yo pueda hacer.
  10. Sería terrible si mi marido/mujer me molestara, me despreciara o me criticara alguna vez.
  11. Nuestro nivel de sexo, afecto y compromiso no debe declinar jamás.
  12. Debemos estar siempre de acuerdo el uno con el otro en los temas importantes.

Estas expectativas no suelen poder ser cumplidas en el día a día, lo que hace que, si no se modifican, la pareja pase a convertirse en una fuente de frustración. Las decepciones y los conflictos serán previsibles con esta percepción del amor. En caso de decidir que seguir con la pareja no compensa, si se comienza una nueva relación pero no se comprueban estos mitos, la persona seguramente volverá a encontrarse en el mismo punto que con la pareja anterior tras algún tiempo. Por ello conviene establecer expectativas más adaptadas a la realidad y que probablemente sean más fáciles de ser cumplidas.

Raimon Gaija, “Vivir en pareja”. DeBolsillo. ISBN: 84-9793-628-0

Hoy os dejo un cuento de la sociopedagoga Inge Wuthe que se puede utilizar en terapia para la comprensión de la función de la tristeza. Algunas veces se utilizan historias o cuentos con función terapéutica para permitir un acceso más simbólico a determinadas experiencias, como el cuento del Elefante encadenado de Jorge Bucay, publicado anteriormente en este blog.
Primero encontraréisis el texto traducido al español y a continuación el texto original en alemán. Espero que os guste y que lo disfrutéis.
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Ilustración del cuentro “Die Geschichte der traurigen Traurigkeit”

El cuento de la Tristeza triste

Érase una vez una pequeña mujer que se quedó parada al borde de un camino al lado de una figura en cuclillas. La figura parecía no tener cuerpo, y parecía  una manta vieja de franela con un contorno humano.
La pequeña mujer se inclinó hacia el personaje y le preguntó:

– ¿Quién eres?
Dos ojos cansados y sin luz la miraban.
– ¿Yo?  Yo soy la Tristeza – contestó susurrando con utna vocecilla que la mujer casi ni escuchaba.
– ¡Ah! ¡La Tristeza! – exclamó la pequeña mujer, alegre como si saludara a una vieja conocida.
– ¿Me conoces? – preguntó la Tristeza desconfiada.
– ¡Pues claro que te conozco! Siempre me has acompañado un poco a lo largo de mi camino.
– Si, pero… – sospechaba la Tristeza. – ¿ Entonces? ¿Por qué no huyes de mí? ¿No tienes miedo?
– ¿Por qué tengo que huir de ti? Tú sabes bien como acoger a los que te esquivan. Pero lo que te quería preguntar, pareces – disculpa esta absurda constatación – pareces muy triste.
– ¿Yo? Yo…  estoy triste – contestó la figura con voz desgarrada.
La pequeña vieja se sentó al lado de ella. -Así que, estás triste, ¿eh? – dijo asintiendo con la cabeza. – ¿Quieres contarme lo que te atormenta?
La Tristeza suspiró. ¿De verdad que alguien quería escucharla esta vez? Cuántas veces lo había intentado en vano…
-¡Ay! ¿Sabes? – Empezó dubitativa y sorprendida –  Pues es así de simple, ¡nadie me quiere! Es mi destino ir con las personas y quedarme con ellas, con algunas más, con otras menos. Pero casi todas me tratan como si fuera la peste. Han creado muchos mecanismos para ignorar mi presencia.
– Seguramente tengas razón – dijo la vieja. – Pero cuéntame más.
– Se han inventado frases de escudo con las que poder desterrarme…Me dicen… ¡Tonterías, la vida es bonita! Y sus risas falsas les conducen a tener problemas estomacales y problemas respiratorios… Me dicen…¡Lo que te hace sufrir, te hará más fuerte! Y entonces tienen dolores de corazón… Me dicen… ¡Hay que controlarse! Y entonces sienten los tirones en los hombros y en la espalda. Me dicen…¡Sólo los débiles lloran! Y sus lagrimas contenidas casi les hacen estallar sus cabezas. O si no… utilizan drogas y alcohol para no sentirme.
-¡Oh sí!- Afirmó la vieja. – Personas así también se han cruzado por mi camino. Pero en realidad, quieres ayudarlas con tu presencia, ¿verdad?
La Tristeza se hundió un poco más.
– Sí, eso quiero. Pero sólo puedo ayudarlas si me toleran. ¿Sabes? Cuando intento darles un espacio entre ellas mismas y el mundo, un periodo de tiempo para encontrarse consigo mismas, les quiero construir un nido en el que se pueden dejar caer y curar sus heridas. Quien está triste, es especialmente sensible y se encuentra muy cercano a sí mismo. Este encuentro puede ser doloroso, porque el sufrimiento se desata con el recuerdo y se abre como una herida mal cicatrizada. Pero sólo quien permite el dolor y puede sentirse triste por el sufrimiento, quien siente su niño interior y se permite llorar las lágrimas acumuladas, quien se concede compasión por sus heridas internas, sólo esa persona, entiendes, sólo ella tiene la oportunidad de que su herida se cure de verdad. En vez de eso maquillan sus cicatrices o se vuelven duros con una coraza de amargura.
Ahora, la Tristeza callaba y su llanto era desesperado.
La mujer abrazó a la tristeza consolándola. Qué suave es, pensaba mientras acariciaba a la figura que temblaba.
–Llora, Tristeza, llora – susurraba la mujer cariñosamente. – Descansa para que puedas coger fuerza. Sé que muchas personas hacen como que no existes y te rechazan. Pero también sé que hay personas preparadas para encontrarte. Y creéme, cada vez son más las que entienden que tú les permites salir de sus jaulas interiores. A partir de ahora no volverás a andar sola, te acompañaré en tu camino, para que el desaliento no tenga poder sobre ti.
La Tristeza dejó de llorar. Observó a su compañera extrañada y le preguntó:
– Oye pero y tú,  ¿quién eres ?
-¿Yo? – Dijo la pequeña mujer vieja… – Yo soy la Esperanza.
Die Geschichte der traurigen Traurigkeit
Es war eine kleine alte Frau, die bei der zusammengekauerten Gestalt am Straßenrand stehen blieb. Das heißt, die Gestalt war eher körperlos, erinnerte an eine graue Flanelldecke mit menschlichen Konturen.
“Wer bist du?” fragte die kleine Frau neugierig und bückte sich ein wenig hinunter. Zwei lichtlose Augen blickten müde auf. “Ich … ich bin die Traurigkeit”, flüsterte eine Stimme so leise, dass die kleine Frau Mühe hatte, sie zu verstehen.
“Ach, die Traurigkeit”, rief sie erfreut aus, fast als würde sie eine alte Bekannte begrüßen.
“Kennst du mich denn”, fragte die Traurigkeit misstrauisch.
“Natürlich kenne ich dich”, antwortete die alte Frau, “immer wieder einmal hast du mich ein Stück des Weges begleitet.”
“Ja, aber …” argwöhnte die Traurigkeit, “warum flüchtest du nicht vor mir, hast du denn keine Angst?”
“Oh, warum sollte ich vor dir davonlaufen, meine Liebe? Du weißt doch selber nur zu gut, dass du jeden Flüchtigen einholst und dich so nicht vertreiben lässt. Aber, was ich dich fragen will, du siehst – verzeih diese absurde Feststellung – du siehst so traurig aus?”
“Ich … ich bin traurig”, antwortete die graue Gestalt mit brüchiger Stimme.
Die kleine alte Frau setzte sich jetzt auch an den Straßenrand. “So, traurig bist du”, wiederholte sie und nickte verständnisvoll mit dem Kopf. “Magst du mir erzählen, warum du so bekümmert bist?”
Die Traurigkeit seufzte tief auf. Sollte ihr diesmal wirklich jemand zuhören wollen? Wie oft hatte sie vergebens versucht und …
“Ach, weißt du”, begann sie zögernd und tief verwundert, “es ist so, dass mich offensichtlich niemand mag. Es ist meine Bestimmung, unter die Menschen zu gehen und eine Zeitlang bei ihnen zu verweilen. Bei dem einen mehr, bei dem anderen weniger. Aber fast alle reagieren so, als wäre ich die Pest. Sie haben so viele Mechanismen für sich entwickelt, meine Anwesenheit zu leugnen.”
“Da hast du sicher Recht”, warf die alte Frau ein. “Aber erzähle mir ein wenig davon.”
Die Traurigkeit fuhr fort: “Sie haben Sätze erfunden, an deren Schutzschild ich abprallen soll.
Sie sagen “Papperlapapp – das Leben ist heiter”, und ihr falsches Lachen macht ihnen Magengeschwüre und Atemnot.
Sie sagen “Gelobt sei, was hart macht”, und dann haben sie Herzschmerzen.
Sie sagen “Man muss sich nur zusammenreißen” und spüren das Reißen in den Schultern und im Rücken.
Sie sagen “Weinen ist nur für Schwächlinge”, und die aufgestauten Tränen sprengen fast ihre Köpfe.
Oder aber sie betäuben sich mit Alkohol und Drogen, damit sie mich nicht spüren müssen.”
“Oh ja”, bestätigte die alte Frau, “solche Menschen sind mir oft in meinem Leben begegnet. Aber eigentlich willst du ihnen ja mit deiner Anwesenheit helfen, nicht wahr?”
Die Traurigkeit kroch noch ein wenig mehr in sich zusammen. “Ja, das will ich”, sagte sie schlicht, “aber helfen kann ich nur, wenn die Menschen mich zulassen. Weißt du, indem ich versuche, ihnen ein Stück Raum zu schaffen zwischen sich und der Welt, eine Spanne Zeit, um sich selbst zu begegnen, will ich ihnen ein Nest bauen, in das sie sich fallen lassen können, um ihre Wunden zu pflegen.
Wer traurig ist, ist ganz dünnhäutig und damit nahe bei sich.
Diese Begegnung kann sehr schmerzvoll sein, weil manches Leid durch die Erinnerung wieder aufbricht wie eine schlecht verheilte Wunde. Aber nur, wer den Schmerz zulässt, wer erlebtes Leid betrauern kann, wer das Kind in sich aufspürt und all die verschluckten Tränen leerweinen lässt, wer sich Mitleid für die inneren Verletzungen zugesteht, der, verstehst du, nur der hat die Chance, dass seine Wunden wirklich heilen.
Stattdessen schminken sie sich ein grelles Lachen über die groben Narben. Oder verhärten sich mit einem Panzer aus Bitterkeit.”
Jetzt schwieg die Traurigkeit, und ihr Weinen war tief und verzweifelt.
Die kleine alte Frau nahm die zusammengekauerte Gestalt tröstend in den Arm. “Wie weich und sanft sie sich anfühlt”, dachte sie und streichelte zärtlich das zitternde Bündel. “Weine nur, Traurigkeit”, flüsterte sie liebevoll, “ruh dich aus, damit du wieder Kraft sammeln kannst. Ich weiß, dass dich viele Menschen ablehnen und verleugnen. Aber ich weiß auch, dass schon einige bereit sind für dich. Und glaube mir, es werden immer mehr, die begreifen, dass du ihnen Befreiung ermöglichst aus ihren inneren Gefängnissen. Von nun an werde ich dich begleiten, damit die Mutlosigkeit keine Macht gewinnt.”
Die Traurigkeit hatte aufgehört zu weinen. Sie richtete sich auf und betrachtete verwundert ihre Gefährtin.
“Aber jetzt sage mir, wer bist du eigentlich?”
“Ich”, antwortete die kleine alte Frau und lächelte still. “Ich bin die Hoffnung!”
“Die Geschichte von der traurigen Traurigkeit”, Lucy Körner Verlag.
Inge Wuthe.
 

No te quiero, hijo.

En mi trabajo con personas drogodependientes y con familias, he comprobado una y otra vez que se repiten ciertos patrones inadecuados en la dinámica en las familias respecto al trato que se da a los hijos y que generan muchos problemas en su desarrollo. Voy a hablar de algunos ejemplos que se repiten y de las consecuencias que se suelen producir.

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  • Rechazo del propio hijo por parecerse al progenitor ausente

Se suele dar por parte de las madres con sus hijos varones. El hijo les recuerda, por su aspecto físico, al padre y esto les genera emociones negativas ya que éste está asociado también a emociones negativas, sea por no haber superado la ruptura de la relación, sea por experiencias como pueden ser los malos tratos. Estas mujeres no son capaces de generar un vínculo afectivo con sus hijos, que les producen sensaciones de rechazo. Las madres suelen mostrar este rechazo mostrándose muy frías ante sus hijos o nombrando claramente la falta de amor y cariño hacia ellos, además de repetir que la causa de que sean tratados así es por ser “como tu padre”.

  • Preferencia por la pareja antes que por el hijo

En caso de conflicto entre el hijo y los progenitores, uno o ambos progenitores se sitúa siempre, de manera inflexible, del lado de la pareja sin entender o dedicarle tiempo al hijo para entender su posición o confirmar en parte o totalmente su punto de vista. El progenitor tiene absoluta prioridad y las necesidades del hijo no se tienen en cuenta. El niño genera la sensación de ser menos importante para su padre o su madre que la pareja, ya que éste o ésta nunca defiende su posición, independientemente del contenido de la discusión o diferencias. En casos extremos como pueden ser de violencia de un progenitor hacia el hijo, la pareja defiende al otro progenitor sin atender al hijo que ha sufrido la violencia.

  • Trato de un hijo como chivo expiatorio

En estos casos, se culpabiliza a los hijos del fracaso en la propia vida de los progenitores o de la ruptura de la relación de pareja. Los hijos crecen con el reproche constante de ser culpables de la infelicidad de los padres.

  • Rechazo y trato diferente al hijo de la pareja

Cuando un padre o una madre vuelve a rehacer su vida con otra pareja, no es poco frecuente que se  dé el patrón de no aceptar a los hijos de la pareja. Esto se da tanto en casos en los que sólo uno de los progenitores trae hijos de relaciones previas a la nueva familia como en los que son ambos.

En estos casos, los adultos muestran una clara preferencia por los hijos carnales y muestran rechazo a los hijos de la pareja. Se dan tratos desiguales y la educación está claramente dividida. Se pueden llegar a maltratar física o emocionalmente a los hijos de la pareja mientras que se trata con cariño a los propios. La rivalidad entre los hermanos se da por el trato vivido como injusto y los niños pueden generar sentimientos de impotencia ante la imposibilidad de cambiar esta situación.

  • Trato de los hijos como si fueran adultos

Algunos padres no son conscientes de las necesidades especiales de los niños. Se muestran impacientes y tienen expectativas poco realistas en relación con el momento de desarrollo en el que se encuentra el niño. Esto genera frustración en los niños, que crecen con la sensación de estar decepcionando a sus padres. Estos niños suelen mostrar conductas adultas muy pronto, ya sea la forma de hablar o las habilidades que demuestran. Un ejemplo de esto es el de un niño de 10 años que pide una cita por teléfono para la revisión en el taller del coche de sus padres. Aunque es conveniente que los niños vayan aprendiendo ciertas habilidades y que su lenguaje y forma de hablar se vaya adaptando al de los adultos, en estos casos se produce de manera adelantada respecto al resto de niños y se pierde el desarrollo de otras habilidades.

En relación a las consecuencias que pueden tener estos estilos de educación, hay que decir que, aunque a cada caso expuesto se le podría dedicar un capitulo aparte, se pueden sacar conclusiones generales.

Es importante mencionar que los niños suelen intentar explicarse la situación con las habilidades que tienen. Ya que no encuentran otras razones, frecuentemente tienden a sacar en conclusión que la razón del rechazo de sus padres o de sus reproches se encuentra en ellos mismos, que ellos (los niños) son malos y culpables. Las emociones más frecuentes son las de la frustración, tristeza e ira. Ante esta situación, intentan conseguir el amor de sus padres compensándolo con mayores esfuerzos por agradarles o aprenden a evitar el contacto con ellos para evitar emociones negativas. Sin embargo, ya que la razón del trato que reciben tiene otras causas y no depende de ellos, no logran cambiar la dinámica. Así, estos niños pueden desarrollar una indefensión ante la situación dado que no está en sus manos cambiar el trato recibido si no que son los padres los que tienen determinadas expectativas a la hora de educarles o determinadas dificultades en manejar emociones negativas, y éstas son las razones por las que se comportan así con sus hijos.

Más adelante, estos niños suelen tener dificultades a la hora de establecer vínculos afectivos debido a las experiencias previas con sus personas de referencia más importantes y las creencias que han formado a partir de ellas. Esto les puede generar problemas a nivel interpersonal. Pueden no confiar en los demás y a la hora de mantener una relación de pareja, puede que no sean capaces de permitir cercanía emocional o, por el contrario, que se hagan muy dependientes de sus parejas.

Hay que decir que este no siempre es el caso. Hay niños que adquieren otras capacidades gracias al contacto con otras personas de referencia como pueden ser otros familiares, profesores, etc y que logran compensar las dificultades generadas por la dinámica familiar que viven en sus casas. Gracias a estas experiencias positivas, se disminuye el riesgo de dificultades a la hora de establecer vínculos con otras personas y pueden desarrollar, a pesar de todo, un autoconcepto adecuado.

Los casos mencionados se dan tanto en familias desestructuradas, con un progenitor ausente o en las llamadas familias patchwork, como en familias “clásicas” en las que los padres e hijos viven juntos como unidad familiar. Lo característico es que uno o ambos progenitores tienen dificultades para superar determinadas experiencias previas como pueden ser malos tratos, pero también episodios negativos que se han dado anteriormente en sus vidas y que conllevan una falta de habilidades. Es frecuente que cuando se intentan producir cambios en la dinámica de familia, alguno de los progenitores explique sus dificultades por el hecho de no haber aprendido otra cosa en sus propias familias de origen. Una falta de vínculos emocionales con los propios padres o la falta de modelos adecuados de educación son las razones más frecuentes.

En relación con este tema, os invito a leer las entradas en este blog respecto a Hijos de padres separados,  Guía de necesidades de los niños y Educación consistente.